
En México se ha documentado un preocupante incremento en las agresiones dirigidas a mujeres periodistas, con un total de 65 casos registrados recientemente. Lo alarmante es que una parte importante de estas agresiones tiene como presuntos responsables a funcionarios públicos, lo que refleja retos persistentes para la libertad de expresión y la seguridad de las comunicadoras en el ejercicio de su labor.
Las agresiones reportadas incluyen violencia verbal y psicológica, amenazas, hostigamiento, agresiones en el espacio digital y presiones para restringir o manipular la cobertura informativa. Estas acciones no sólo ponen en riesgo la integridad física y emocional de las periodistas afectadas, sino que también representan un intento de limitar la labor independiente de los medios y la información que la sociedad recibe.
Organizaciones y defensoras de derechos humanos han denunciado que estos ataques ocurren en distintos ámbitos, desde administraciones locales hasta gobiernos estatales, y en muchos casos quedan en la impunidad por la falta de investigaciones eficaces o sanciones contra los agresores. Esta situación genera un ambiente de temor y autocensura entre las comunicadoras, quienes a menudo enfrentan barreras para denunciar los hechos por represalias o falta de apoyo institucional.
El papel de las mujeres periodistas es fundamental en una sociedad democrática, ya que contribuyen a informar, vigilar y cuestionar a los poderes públicos. Las agresiones que enfrentan no sólo afectan su seguridad personal, sino que también impactan la calidad y pluralidad de la información a disposición de la ciudadanía.
Ante este escenario, diversas organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y colectivos de periodistas han pedido mecanismos de protección más efectivos, protocolos específicos para atender casos de violencia de género contra comunicadoras y sanciones claras para los responsables, incluyendo a aquellos que ocupan cargos públicos.
La denuncia de estas 65 agresiones pone de manifiesto la urgencia de reforzar las medidas de protección para las mujeres en el periodismo y garantizar entornos seguros donde puedan ejercer su profesión sin temor a represalias o violencia, fortaleciendo así la libertad de expresión y los derechos humanos en el país.
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