
Un proyecto que se presentó como símbolo de progreso terminó siendo uno de los ejemplos más criticados de despilfarro en la historia reciente de México. La llamada Refinería Bicentenario, anunciada durante el sexenio de Felipe Calderón, quedó reducida a una extensa barda perimetral construida en Tula, Hidalgo, después de invertir cientos de millones de dólares en preparación de terrenos y estudios sin que nunca se instalara un solo equipo para procesar petróleo.





