
En un potente llamado colectivo, 111 voces de la comunidad LGBTIQ+ se unieron para recordar que el Orgullo no debe entenderse únicamente como una celebración alegre y colorida, sino como una acción política con raíces históricas de resistencia, memoria y exigencia de justicia social. El mensaje fue contundente: “El orgullo no es sólo fiesta, es también memoria y lucha”.
Esta declaración surge en un contexto de preocupación internacional por el aumento de discursos de odio, retrocesos legislativos y crímenes motivados por la orientación sexual o identidad de género en varios países del mundo. México no es la excepción: de acuerdo con organizaciones civiles, los crímenes de odio contra personas LGBTIQ+ continúan ocurriendo con alta impunidad, mientras que los mecanismos de protección siguen siendo insuficientes.
Una lucha con historia
El movimiento LGBTIQ+ en México tiene una larga historia de resistencia. Desde las primeras manifestaciones públicas en la década de 1970 —como la histórica marcha de 1979 en la Ciudad de México, influenciada por los disturbios de Stonewall en Estados Unidos— hasta la lucha actual por los derechos de las infancias trans, las voces LGBTIQ+ han exigido, generación tras generación, respeto, visibilidad y justicia.
A pesar de los avances legislativos como el matrimonio igualitario, la adopción por parejas del mismo sexo o el reconocimiento legal de la identidad de género en varias entidades, las desigualdades estructurales persisten. En muchos estados aún hay barreras burocráticas, prejuicios sociales y prácticas discriminatorias tanto en instituciones públicas como privadas.
111 voces, una causa común
Las 111 voces reunidas en este manifiesto representan diversas trayectorias y experiencias: artistas, periodistas, activistas, jóvenes líderes, personas no binarias, sobrevivientes de violencia y madres de víctimas. Todas ellas aportan desde sus vivencias una exigencia clara: que el Estado mexicano garantice condiciones reales de seguridad, justicia e inclusión.
Entre los puntos destacados del manifiesto se encuentran:
•Mayor presupuesto para campañas de prevención y educación sobre diversidad sexual.
•Protocolos efectivos para investigar crímenes de odio.
•Acceso digno a salud integral sin discriminación.
•Protección a personas LGBTIQ+ desplazadas por violencia.
La publicación de este pronunciamiento coincide con el inicio del Mes del Orgullo, cuando se multiplican las expresiones de identidad, cultura y resistencia en las calles, redes sociales y espacios públicos. Sin embargo, sus firmantes advierten: no basta con pintar edificios de arcoíris o publicar mensajes inclusivos en junio; el compromiso con la igualdad debe ser constante y transversal todo el año.
El orgullo como resistencia
Esta iniciativa busca recuperar el sentido original del Orgullo: una respuesta política al rechazo, la marginación y la violencia. En palabras de una de las firmantes, “marchamos no porque todo esté bien, sino porque aún hay mucho por lo que luchar”.
El mensaje de estas 111 voces es claro: el orgullo es memoria de quienes ya no están, es lucha por quienes aún enfrentan violencia, y es esperanza de un país donde todos podamos vivir con dignidad, sin miedo y con libertad.
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