
La conmoción generada por el secuestro del pequeño Lyan José Hortúa Bonilla ha encendido las alarmas sobre un tema cada vez más delicado: el uso de redes sociales para compartir la vida de los hijos. En medio de la investigación, ha trascendido que el padre del menor solía publicar videos del niño, lo que ha generado un llamado urgente a la prudencia digital.
Especialistas y usuarios advierten que este tipo de contenido puede ser aprovechado por grupos criminales para ubicar y planear delitos contra menores. Aunque aún no se confirma si esta exposición en línea fue un factor determinante, el caso ha sido suficiente para despertar una ola de conciencia sobre los riesgos de mostrar demasiado en internet.
En redes sociales, ciudadanos exigen que no se viralicen más imágenes de Lyan ni de su familia, mientras las autoridades continúan con las labores de búsqueda.
Este hecho pone sobre la mesa una realidad incómoda: lo que compartimos en línea puede ser usado en nuestra contra, y la seguridad de los menores debe estar por encima de cualquier publicación.
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