
La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, salió al paso a las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso, ex-presidenta de la Comunidad de Madrid, tras una comparación que causó controversia entre analistas y políticos de ambos países. Ayuso había afirmado que el gobierno mexicano opera como una “dictadura al estilo cubano”, comentario que fue rechazado de inmediato por Sheinbaum y que desató un debate acerca de la situación política y democrática en México.
Sheinbaum calificó la comparación como “absolutamente falsa y carente de fundamento”, y señaló que México es una república democrática con libertades garantizadas por su constitución, donde la pluralidad de partidos y el ejercicio del voto libre son elementos centrales del sistema político. Subrayó que, pese a las críticas o posturas ideológicas distintas, ningún actor político de corte democrático puede equiparar a un gobierno constitucional con un régimen autoritario.
La respuesta de Sheinbaum se dio durante una conferencia de prensa en la capital del país, donde también destacó datos sobre México frente a indicadores internacionales de democracia y derechos humanos, señalando que el país participa activamente en foros multilaterales, elecciones periódicas y procesos de fiscalización ciudadana. Esto contrasta con países catalogados como autoritarios, donde no se respetan elecciones libres o se limita la libertad de prensa.
“El ejercicio del poder público en México está sujeto a la ley, a la rendición de cuentas y a la fiscalización de organismos autónomos”, dijo Sheinbaum, quien también añadió que las voces críticas, opositoras o independientes operan libremente, algo que no ocurre en sistemas dictados por una sola línea de pensamiento o control estatal absoluto de instituciones.
Por su parte, Ayuso ha sido una figura controversial en España y México debido a sus fuertes declaraciones sobre gobiernos progresistas o de izquierda en América Latina. Su comentario sobre la comparación con Cuba se dio en un contexto más amplio de pronunciamientos sobre política internacional y modelos de gobierno, pero la respuesta directa de Sheinbaum buscó defender la soberanía y la imagen democrática de México ante el escrutinio internacional.
Analistas consultados por medios nacionales han señalado que estas tensiones retóricas forman parte de un clima político más amplio, donde discursos polarizados pueden generar malentendidos sobre la naturaleza real de los sistemas políticos en cada país. Sin embargo, coincidieron en que la respuesta de Sheinbaum se enfoca no solo en negar las aseveraciones, sino en reforzar la percepción de México como una nación donde las instituciones siguen siendo vitales para el equilibrio democrático.
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