
El Gobierno de México manifestó su rechazo a cualquier tipo de intervención extranjera en Venezuela, particularmente aquellas impulsadas por Estados Unidos, al considerar que este tipo de acciones solo profundizan los conflictos y vulneran la soberanía de las naciones. La postura fue clara: los problemas internos de un país deben resolverse mediante el diálogo y los mecanismos diplomáticos, no a través de presiones externas.
Desde la visión mexicana, el principio de no intervención y el respeto a la autodeterminación de los pueblos son pilares fundamentales de la política exterior. Por ello, se subrayó que las sanciones, amenazas o posibles acciones unilaterales no contribuyen a la estabilidad regional ni a la solución de fondo de la crisis venezolana.
En este contexto, México hizo un llamado a la Organización de las Naciones Unidas para asumir un papel más activo y decisivo en la búsqueda de salidas pacíficas. Consideró que la ONU cuenta con la legitimidad y las herramientas necesarias para facilitar el diálogo, promover acuerdos y evitar una escalada de tensiones en América Latina.
Asimismo, se reiteró la importancia de fortalecer los canales diplomáticos y apostar por soluciones multilaterales que prioricen el bienestar de la población venezolana, evitando escenarios de confrontación que puedan agravar la situación humanitaria.
La postura mexicana busca reafirmar su compromiso con la paz, el derecho internacional y la cooperación entre naciones, insistiendo en que solo mediante el entendimiento y el respeto mutuo se pueden enfrentar los desafíos políticos y sociales de la región.
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