
En una declaración que ha causado revuelo en la esfera política, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reveló públicamente que durante su camino hacia la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México fue objeto de espionaje ilegal, presuntamente orquestado por el entonces mandatario capitalino, Miguel Ángel Mancera.
Durante una conferencia reciente, Sheinbaum denunció que en el sexenio anterior se utilizaban estructuras gubernamentales para realizar actividades de vigilancia política contra líderes y lideresas de la oposición. Ella misma, junto con otros actores políticos, fue blanco de estas operaciones.
“Fui advertida por personal de la Fiscalía en ese momento. Me dijeron que tuviera cuidado con lo que escribía porque mis correos estaban siendo intervenidos. Había una instrucción de monitorear mis actividades”, relató la mandataria, visiblemente indignada por lo sucedido.
Estas declaraciones no surgen de la nada. Desde 2020, investigaciones periodísticas y documentos oficiales revelaron la existencia de un centro de espionaje ilegal conocido como el “Caso Sterling”, por el inmueble ubicado en la calle Márquez Sterling en el Centro Histórico, donde se realizaban labores de monitoreo telefónico y digital con equipos de alta tecnología. Entre las personas espiadas también se encontraban Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, Martí Batres, entre otros.
El nuevo gobierno asegura que no repetirá las viejas prácticas
Sheinbaum aprovechó para marcar un claro contraste con la administración actual. Afirmó con contundencia que el nuevo gobierno no seguirá las prácticas autoritarias del pasado y que la Cuarta Transformación jamás utilizará el aparato del Estado para espiar a nadie. “No somos iguales”, puntualizó, dejando claro que las instituciones ahora están al servicio del pueblo, no de intereses políticos particulares.
La presidenta también señaló que quienes hoy acusan al nuevo gobierno de espionaje, fueron precisamente los que en el pasado utilizaron esos métodos para mantenerse en el poder. “No hay lugar para la hipocresía. Las y los ciudadanos merecen respeto, legalidad y un gobierno que se conduzca con ética”, dijo.
Contexto histórico: una sombra que viene de lejos
México ha tenido una larga historia de vigilancia a opositores. Desde los tiempos de la Dirección Federal de Seguridad en los años setenta, hasta los escándalos más recientes como Pegasus, el espionaje ha sido una herramienta política recurrente. Sin embargo, lo que diferencia al momento actual, según Sheinbaum, es que por primera vez se está enfrentando de manera institucional, legal y abierta.
Durante su gestión en la CDMX, Sheinbaum desmanteló completamente los sistemas heredados del espionaje político, retirando el uso de tecnologías de intervención y ordenando auditorías internas para garantizar que ninguna dependencia incurriera en prácticas ilegales.
Reacciones políticas
Las declaraciones de la presidenta han generado fuertes reacciones. Diversos actores políticos de Morena han exigido que se investigue a fondo y se deslinden responsabilidades. Por su parte, figuras de la oposición han optado por guardar silencio o minimizar las acusaciones.
La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México confirmó que mantiene abierta una carpeta de investigación relacionada con estos hechos, e incluso en 2022 anunció la vinculación a proceso de dos exservidores públicos relacionados con el caso.
Conclusión:
El testimonio de Claudia Sheinbaum reaviva un debate fundamental sobre el uso del poder público y los límites éticos de la política. Más allá de un escándalo, su denuncia busca cerrar una página oscura en la historia reciente del país y reafirmar el compromiso de su gobierno con la legalidad, la justicia y los derechos civiles.

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