
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respondió con firmeza y contundencia a las críticas del expresidente Ernesto Zedillo, quien acusó a México de haber “perdido su categoría de país democrático” bajo el actual gobierno. Lejos de quedarse callada, Sheinbaum evidenció las profundas contradicciones de Zedillo, recordándole a todo el país el oscuro legado que dejó su administración.
Sheinbaum no dudó en señalar que Zedillo representa al viejo régimen de corrupción, desigualdad y sometimiento al poder económico. Durante su sexenio (1994-2000), Zedillo fue responsable de la implementación del Fobaproa, una maniobra financiera que convirtió las deudas privadas de empresarios en deuda pública, obligando al pueblo mexicano a pagar durante décadas los errores y excesos de una élite privilegiada. “Hablan de democracia quienes hipotecaron el futuro de generaciones enteras para salvar a los mismos de siempre”, afirmó la presidenta.
Además, Claudia Sheinbaum recordó que en el gobierno de Zedillo se vivieron episodios de represión política, como la masacre de Aguas Blancas en Guerrero (1995), donde policías estatales asesinaron a campesinos en un operativo autorizado por autoridades federales. Hechos como estos desnudan el verdadero rostro de un gobierno que hoy pretende dar lecciones de democracia.
En contraste, Sheinbaum resaltó que su proyecto de nación, inspirado en la Cuarta Transformación, busca construir un México verdaderamente democrático e inclusivo. La reforma al Poder Judicial —que tanto incomoda a los poderes tradicionales— no pretende instaurar el autoritarismo como aseguran los detractores, sino acabar con las redes de corrupción y nepotismo que han impedido una justicia real en el país.
“Ahora el pueblo tiene voz, ahora el pueblo decide. Los jueces ya no deben responder a los intereses de unos pocos, sino a la voluntad popular”, enfatizó Sheinbaum, defendiendo la iniciativa para que los jueces y ministros sean elegidos directamente por los ciudadanos.
La presidenta también subrayó que su gobierno ha fortalecido los programas sociales, ha impulsado la soberanía energética y ha promovido la transparencia en el manejo de los recursos públicos, marcando una diferencia abismal frente a los tiempos del neoliberalismo, donde el saqueo y el abuso eran la norma.
Mientras figuras como Ernesto Zedillo siguen defendiendo un modelo que hundió al país en la pobreza y la desigualdad, Claudia Sheinbaum se consolida como una líder comprometida con un México más justo, más libre y verdaderamente soberano.
Porque hoy, el pueblo manda y el viejo régimen tiembla.
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