
En un nuevo capítulo del cruce de declaraciones entre las dos superpotencias, China arremetió con fuerza contra Estados Unidos al señalar las profundas diferencias entre sus entornos urbanos.
Mientras asegura que sus propias ciudades florecen con crecimiento económico y estabilidad, criticó duramente a varias urbes estadounidenses por estar plagadas de problemas sociales como el consumo masivo de drogas.
Durante una rueda de prensa, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, destacó que EE.UU., pese a tener menos del 5% de la población mundial, consume casi el 80% de los opioides a nivel global. Un dardo directo al corazón de la crisis de salud pública que vive el país norteamericano.
China, por su parte, se defendió ante las acusaciones de ser un punto clave en la cadena de distribución de drogas sintéticas, acusaciones que calificó como infundadas y motivadas políticamente. Subrayó que tiene una de las legislaciones más estrictas del mundo en materia de control de narcóticos.
Según voceros chinos, el problema real está dentro de EE.UU., donde la demanda de drogas sigue fuera de control. “En lugar de culpar a otros, deberían mirar hacia adentro”, insinuó el discurso oficial.
El intercambio deja en claro que, más allá del comercio y la tecnología, la guerra de narrativas entre China y Estados Unidos está lejos de terminar.
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