
El gobierno de la Franja de Gaza, bajo control de Hamás, ha acusado al Ejército israelí de utilizar el agua como una “herramienta de genocidio” y un “arma de guerra”, tras la destrucción del 90% de la infraestructura de agua y saneamiento en el enclave palestino . Esta devastación ha dejado a la población con acceso limitado a agua potable, exacerbando la crisis humanitaria en la región.
Organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras y Oxfam han denunciado que los gazatíes reciben solo 4,7 litros de agua al día, menos de lo que se usa para una descarga de inodoro . Esta cantidad es insuficiente para cubrir las necesidades básicas de consumo, higiene y saneamiento, lo que aumenta el riesgo de brotes de enfermedades.
La situación se agrava con la interrupción del suministro eléctrico y la escasez de combustible, que han paralizado las plantas de desalinización y tratamiento de aguas residuales . Además, la contaminación de las fuentes de agua ha llevado a que más del 96% del agua disponible sea considerada no apta para el consumo humano .
La comunidad internacional ha expresado su preocupación por el uso del agua como arma de guerra y ha instado a Israel a garantizar el acceso a servicios básicos para la población civil en Gaza.
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