
Buenos Aires – Las calles de Argentina volvieron a retumbar con el sonido inconfundible de los cacerolazos. En medio de un escenario económico cada vez más tenso, miles de ciudadanos salieron espontáneamente a protestar luego del anuncio de una fuerte devaluación del peso y la concreción de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
La administración del presidente Javier Milei implementó una corrección cambiaria del 30%, en sintonía con un paquete de medidas económicas que incluye la liberalización del mercado de divisas y un préstamo de 20.000 millones de dólares con el FMI, con un primer desembolso ya pactado de 12.000 millones.
El tipo de cambio ahora se moverá libremente en un rango de entre $1.000 y $1.400 por dólar, ajustándose mensualmente en un 1%. Aunque desde el gobierno lo ven como un paso hacia la estabilidad, en los barrios se vive otra realidad: los precios no paran de subir y el bolsillo ya no alcanza.
En este contexto, el enojo ciudadano se hizo sentir desde los balcones y esquinas de Buenos Aires y otras ciudades del país. El símbolo clásico de la protesta argentina, el cacerolazo, volvió a tomar protagonismo como respuesta al ajuste económico y la falta de contención social.
La inflación alcanzó un nuevo récord este mes, elevando aún más la tensión social y generando un clima de incertidumbre generalizada. La gente exige respuestas, y el ruido de las ollas vacías ya es imposible de ignorar.
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